Esta quinta reimpresión -segunda edición del único libro de Guillermo Borja nos situa ante una obra excepcional.
A lo largo de estos años he ido encontrándome con muchas personas que no tuvieron la ocasión de convivir con Memo pero han leido este libro; y el impacto personal que refieren que esa lectura les supuso testimonia que el mensaje que contiene se sigue transmitiendo ahora, cuando la brecha de la separación tiene ya quince años de anchura.
Es un manual básico sobre la psicoterapia. Es tan polémico -ni más ni menos- como la obra de Freud o de Reich. Señala hacia los mismos cimientos del acto terapeútico. Y levanta ampollas.
Ignora las diferencias entre escuelas y enfoques dinámicos. Habla para todos.
Algunos le han tenido por hereje. Yo le veo más bien como un pagano, un politeista, un animista en tiempos de pensamiento único. Lo que dice, se dijo muchas veces en el pasado, en otros contextos culturales e históricos. Pero apenas se dice hoy en día, apenas en este campo de la psicoterapia.
Es una lectura que promueve inmediatamente el hacerse preguntas.
Y me despido. No he podido decir algo diciendo menos: es mucho lo que podría seguir contando.
Para un librito de cien páginas con letra generosa, ¡no está mal!, ¿eh?
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lunes, 31 de enero de 2011
La locura lo cura, V. ¿qué le dijo el paciente a su terapeuta?
Memo -que no es ese señor del video de youtube, no se vayan a creer- nos ponía esta canción: "Pónganse en el lugar del paciente, sean quien canta, y pongan ante sí la imagen de su terapeuta, y sientan...", nos invitaba.
Usted es el culpable
Usted es el culpable
de todas mis angustias
y todos mis quebrantos.
Usted llenó mi vida
de dulces inquietudes
y amargos desencantos.
de dulces inquietudes
y amargos desencantos.
Su amor es como un grito
que llevo aquí en mi sangre
y aquí en mi corazón.
que llevo aquí en mi sangre
y aquí en mi corazón.
Y soy, aunque no quiera,
esclavo de sus ojos,
juguete de su amor.
esclavo de sus ojos,
juguete de su amor.
¡No juegue con mis penas
ni con mis sentimientos
que es lo único que tengo!
ni con mis sentimientos
que es lo único que tengo!
¡Usted es mi esperanza,
mi última esperanza!,
comprenda de una vez.
mi última esperanza!,
comprenda de una vez.
Que usted me desespera,
me mata, me enloquece,
me mata, me enloquece,
y hasta la vida diera
por vencer el miedo
por vencer el miedo
de besarle a usted.
Y volvía a hacerla sonar y esta vez nos invitaba:
“ahora sean el terapeuta y escuchen cómo les habla su paciente. Escuchen... y sientan!
(Poema de Elias Nandino.).
domingo, 30 de enero de 2011
La locura lo cura IV: a quien va dirigido
El libro ve dirigido a todos los psicoterapeutas. Pero ¿cuantos terapeutas lectores hacen falta para agotar cuatro ediciones de un texto?
El éxito del libro se basa en que va igualmente dirigido a todos los pacientes.
A los terapeutas, les dice:
"el terapeuta debe buscar los momentos de crisis, provocarlos, no irlos suavizando"
"Los terapeutas llegan a tales por proyección de su propia enfermedad."
""es muy importante ser honestos con el paciente. Si una persona tiene problemas de inseguridad porque es fea, hay que decirle que es fea. Que no es un problema psicológico, sino. .. un problema real. No decirle que la belleza interior...
"el trabajo del terapeuta es despertar el ser humano, sacudir la falsa comodidad interna, el control, la resignación al no-riesgo.
Yo, en 18 años de experiencia, he visto que al consultorio llegan dos egos entronizados, uno que quiere ser gratificado y otro que quiere gratificar, y en los escasos minutos que dura la consulta no se resuelve nada, sólo se fortalecen los egos"
Olvidar las estrategias terapeúticas. Olvidar los jueguitos. La presencia y lo que sucede es lo único con lo que se puede trabajar. Lo demás son fantasías, lo demás son pretensiones."
"Una parte importante de lo que se está intentando enseñar al paciente es que no hay nada en la vida que ocultar. Así que, la distancia que pone el terapeuta con su paciente, que es innecesaria, es miedo, es negar algo que queremos ocultar... no es muy terapeútico que digamos.
Y, ¿Qué dice a los pacientes?
" "El ego del paciente viene de tal manera disfrazado que parece que sufre, que pide ayuda, pero lo único que intenta es fortalecerse y seguir en el trono. ¡El Ego intenta la salud pasando primero por un salón de belleza!"
" Es necesario que el paciente aclare por qué eligió a ese terapeuta. Al paciente se le olvida porqué vino. Pero la causa que le empujó a venir puede convertirse más adelante en la bandera que utilice para rechazar a ese terapeuta."
¿Por qué tanto miedo a manifestarnos, a vivir como queremos, a dejar lo que ya se acabó?"
" La autenticidad es no cambiar lo qu uno es. Es la capacidad de <manifestarse tal y como se es, sin ocultamientos. .. La autenticidad no es tratar de ser mejor. Esto es sentido del deber, es una obligación, una orden, es una fachada".
A veces los pacientes quieren frustrar al terapeuta, decirle que es malo, frustrarlo, invalidarlo. Todo paciente pasa por ahí, No acepto... que lleguen a mi con su mecanismo de defensa bien puesto, no acepto que me gratifiquen gratuitamente, me molesta la seduccion barata. Ser paciente no da derecho a ser sobreprotegido; si vamos a jugar, que sea al poquer abierto,
La locura lo cura III: relaciones
Mientras empezaba a escribir estas notas sobre Guillermo Borja, me saltó a la vista una línea perdida -no la he vuelto a encontrar- en el primer volumen de la primera serie de los Cuentos Jasídicos, de Martin Buber, en la edición de Paidós. Contando la vida de alguien, decía así:
"por un tiempo, sintió una profunda Nostalgia de la Muerte, que él consideraba como..."
y de la memoria salieron unas décimas que escuché recitar a Memo a menudo: son de Xavier Vilaurrutia, poeta mexicano, autor de, precisamente, "Nostalgia de la muerte":
A mí mismo me prohibo
revelar nuestro secreto
decir tu nombre completo
o escribirlo cuando escribo.
Prisionero de ti, vivo
buscándote en la sombría
caverna de mi agonía.
Y cuando a solas te invoco,
en la oscura piedra toco
tu impasible compañía.
revelar nuestro secreto
decir tu nombre completo
o escribirlo cuando escribo.
Prisionero de ti, vivo
buscándote en la sombría
caverna de mi agonía.
Y cuando a solas te invoco,
en la oscura piedra toco
tu impasible compañía.
Si en todas partes estás,
en el agua y en la tierra,
en el aire que me encierra
y en el incendio voraz;
y si a todas partes vas
conmigo en el pensamiento,
en el soplo de mi aliento
y en mi sangre confundida
¿no serás, Muerte, en mi vida,
agua, fuego, polvo y viento?
(La muerte como compañera, como amada, como inexorable despedida, como rival, como tentación, como descanso, como razón. A pocos se habrá llevado tan enamorados de ella como Memo; a pocos tan enamorados de la vida también. En ese amor extremadamente contradictorio se disuelven los opuestos, se anula la dualidad).
Pero dejo a Vilaurrutia y vuelvo a Martin Buber, a ver si encuentro más relaciones entre ambas obras. Martin Buber, fuente de la inspiración existencial de Fritz Perls, en la introducción, dice acerca de la relación entre quien sana y quien acude para ser sanado -y séame perdonada la extrapolación-:
es necesaria la ayuda de un auxiliar. Él es quien puede enseñarte a conducir tus acciones de manera que el alma permanezca libre, así como a permanecer incólume bajo los golpes del destino. Y una y otra vez te toma de la mano y te guía hasta que puedas aventurarte solo. Él no te libera haciendo lo que tu ya eres lo bastante fuerte como para hacer por ti mismo. Ni aligera tu alma en la lucha que ella debe emprender a fin de realizar su particular misión en este mundo. El terapeuta no puede tomer el lugar del paciente, y todo lo demás es una distorsión, cuyos síntomas aparecen relativamente temprano. Jamás permite que su paciente se confíe en él hasta el punto de abandonar su propia tensión y concentración independientes....
y Borja continúa diciendo:
dar libertad. Esperar que la última palabra sea la de él, y no la nuestra. Que sus miedos y sus fantasías sean los suyos. Que la resolución de su situación conflictiva le pertenezca. Otras pretensiones nuestras no son sino impotencia, señales de nuestro muy demandante Ego. Tenemos que lograr su autonomía real a base de la permisividad, del respeto a sus silencios, a su aburrimiento, a su egoismo, a su narcisismo, a su invalidez, a su menosprecio, a su vanidad. Tan solo si le damos cabida a esto, recibiéndolo y observándolo sin enjuiciar, estaremos hablando de un tratamiento profundo.
sábado, 29 de enero de 2011
La locura lo cura II
Ediciones La Llave presenta ahora la quinta edición de La locura lo cura, única obra publicada de guillermo Borja.
Que un diamante en bruto como este haya alcanzado su quinta edición, ¡es una buena noticia!
La primera edición brotó cuando él descansaba ya en la tierra, en otoño de 1955. Dieciseis años después, con prólogo nuevo y revisión del texto, aparece esta quinta reimpresión, segunda edición.
Que un diamante en bruto como este haya alcanzado su quinta edición, ¡es una buena noticia!
La primera edición brotó cuando él descansaba ya en la tierra, en otoño de 1955. Dieciseis años después, con prólogo nuevo y revisión del texto, aparece esta quinta reimpresión, segunda edición.
"La locura lo cura" tiene por subtítulo "Manifiesto psicoterapeútico" ,y eso le emparenta con otros Manifiestos comunistas: surrealistas, futuristas. Un manifiesto declama una declaración de intenciones que delimita firmemente una praxis.
No siendo un libro de aforismos, escuchemos algunos de los que contiene:
"Cuando un terapeuta es un mal terapeuta es porque no es persona
"La norma de la vida es ser... anormal.
"Quien vuelve crónico al paciente: ese es el mal terapeuta
"Los terapeutas estamos para acortar caminos que fueron largos para nosotros
"Aquí, el que no se aclara, repite".
Tal y como su vida, su libro es breve, condensado y claro. Habla de qué sucede en terapia: en el terapeuta, en el paciente y entre ambos. Es decir: nada dice acerca de qué se supone que debería ocurrir: cuenta qué es lo que verdaderamente sucede, y avisa de los errores comunes que hacen encallar el proceso. Todos y cada uno de estos errores tiene un antídoto, y solo uno: la autenticidad. En el terapeuta, en el paciente y entre ambos. La autenticidad por sí misma y como vía a la salud es el tema central del libro.
Un terapeuta, en su empeño por ser auténtico...
.+.- (... pero ¿qué significa que se "empeñe en ser auténtico"? Ser auténtico, ¿no es ser simplemente como uno es? ¿Es que se puede "no ser auténtico"?)
*- ¡Ah!, dice Borja, uno es auténtico cuando se asume plenamente. Cuando conoce, acepta y expresa sus contradiciones tanto como sus más apreciados dones. Eso, desde luego, solo se logra empeñándose... en fin: en su empeño por ser auténtico, muestra su realidad, y así, la realidad; y el paciente enfrenta una verdad con su falsía neurótica; y tiene la opción de cambiar.
Toda terapia sana a ambos. "La salud no es una meta: es una actitud".
. Para mejor decir lo que dice, cuenta en el libro su propia locura, es decir, su forma de ser. Memo expresaba la vida con gran intensidad. Su manera de trabajar comenzaba en la sala y seguía en la calle, compartiendo las comidas y las cenas, charlando interminablemente con quienes querían seguir con él. Era generoso con su presencia y reservado con sus periodos de intimidad. Activo, chispeante, certero, siempre dispuesto. Bravo, retador, tierno, irónico, triste, melancólico, enamorado, trabajando, haciéndose presente una y otra vez. Dejaba ver sus tendencias, respondía a lo que prometía, aceptaba el nuevo día como una bendición.
Así que el libro es un manifiesto , y un catálogo de formas concretas de intervención terapeútica, y un retrato de Guillermo Borja, . También tiene mucho de crónica de un tiempo casi remoto, que en los últimos quince años muchas cosas han cambiado. El lector verá enseguida a qué me refiero, porque formas de abordaje que en su día originaron polémicas muy sonoras son, al dia de hoy, sencillamente inviables. Las sustancias enteógenas, que aprendió a manejar junto a Roquet y otros, todavía no habían sido condenadas con el rigor inquisitorial de hoy, lo mismo que ciertos grados de intimidad terapeuta-pacientes que hoy llevarían a la proscripción profesional a quien se atreviese tan solo a sugerirlos. Yo considero que este infausto involucionismo le sienta bien -lo que son las cosas- al libro, porque deja al descubierto los aspectos esenciales, inamovibles, el verdadero mensaje de este Manifiesto, inadvertido a veces entre el ruido orquestado en torno a algunos hitos biográficos de Memo.
Reviso entre mis libros por ver qué lugar le corresponde a este libro aqnómalo, y enseguida lo encuentro: junto a El don de la Terapia, de I.Yalom; El arte de escuchar, de E. Fromm; Autoanálisis y Ültimas conferencias, de Karen Horney de K. Horney; La vieja y novísima Gestalt, de C. Naranjo; Dentro y fuera del tarro de la basura de F. Perls;... Son todos ellos libros que abordan el cómo, las características que necesitan los cimientos para que el edificio de la psicoterapia se sostenga y sirva a sus verdaderos fines.
Muchos otros libros discuten y proclaman las ventajas de tales o cuales abordajes psicoterapeúticos; pero cuando uno lee uno de los antes citados, entiende enseguida que esas cuatro cosas que cuentan y repiten artistas de la terapia en su apogeo son de tal calibre que valen para cualquier abordaje sin distinción, y además que, o uno las piensa y las repiensa, o es imposible que, hablando llanamente, se entere de nada.
Los diferentes estilos de psicoterapia, dice Borja, no son mas que diferentes tipos de patología. Los creadores de cada escuela -Freud, Reich, Moreno, Perls- fueron individuos que en su propia vida y en su desempeño profesional reconocieron su propia enfermedad y ,comprometiéndose en un proceso de cambio personal, dieron con una vía eficaz para su propósito. Eso y no otra cosa fué lo que les llevó a comprender que aquello que había funcionado para ellos, podía funcionar para otros. Las escuelas de psicoterapia, las descubrieron neuróticos, "locos".
Por eso está bien dominar una técnica, haber tenido una sólida formación intelectual, pero a partir de cierto momento el terapeuta debe arriesgarse a soltar la técnica y apoyarse en sí mismo. Nadie cura por la técnica que maneja. La gracia es uno. La gracia de los grandes terapeutas ha sido ser ellos mismos.
La Locura Lo Cura, 1. Guillermo Borja y su libro en La Llave.
Guillermo Borja nació en Irapuato el año 1951 y falleció en Tepotzlan en 1995. Poco después de su muerte apareció su libro "La locura lo cura", una recopilación de sus enseñanzas, azuzado por el Dr. josé Aznar, 2transcrito por un psicótico sin puntuación ni ortografía, corregido por Felipe Agudelo, coordinado por su compadre Cheriff Chalakani y prologado por su maestro Claudio Naranjo. Quince años después aparece esta quinta reedición que, por sus características -revisión de los textos, nuevo prólogo- supone una auténtica segunda edición.
La vida de Guillermo Borja fué breve; tan intensa, eso sí, como breve. Y su final se produjo desde la cima de su madurez.
Solo sus íntimos están al tanto de los detalles de sus primeros años. Cuando llegó a España por primera vez era ya un coyote desdentado, como a él le gustaba decir. Había trabajado junto a Salvador Roquet, frecuentado a Panchita y Maria Sabina, viajado a Viena... Operaba como psicoterapeuta en México. Su orientación vocacional era el psicoanálisis; claro que era un psicoanálisis al galope, entreverado de sabiduria huichol, y de cultos afrobrasileños, pero para él, lo que importaba era la seriedad con la que el enfoque de Freud señalaba hacia las raices ocultadas de los conflictos humanos. La Psicología profunda era su meta y la meta de su enseñanza.
Llegó a España allá por 1984, formando parte del equipo de Claudio Naranjo. Los tiempos propiciaban entonces actitudes de entrega sin resquicios, y él encontró las puertas bien abiertas. El caso es un nutrido grupo de buscadores que quienes por entonces se reunían en la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (SEPTG) y en la Asociación Española de Terapia Gestalt se convirtieron en sus camaradas, y quienes asistíamos como pacientes o aprendices de aquellos pioneros pasamos a ser también pacientes y aprendices de Borja. Visitó las ciudades, impartió talleres y conquistó corazones por allí por donde pasó.
Era una persona de características inéditas. Todo él estaba en la frontera de lo excesivo. Se colocaba a una distancia interpersonal tan corta -con sus colegas, con los pacientes, con la gente de la calle, - que cualquiera podía ver sus errores y sus virtudes sin el menor disimulo. Llegaba a un taller, se presentaba y empezaba a pedir -una PepsiCola, por ejemplo- y a dar, -plena atención a cada uno- y en ese intercambio conocía y se daba a conocer. Ya estaba trabajando.
En su día la Asociación Españolas de Terapias Gestalt puso en sus manos la moderación de asuntos internos de la mayor complejidad, y le dedicó un número de su revista anual; pero al principio, Memo desdeñaba el considerarse gestaltista -igual que desdeñaba ser considerado un terapeuta corporalista-. Recuerdo haber hablado de eso con él a raiz de haberle presentado como Terapeuta Gestalt. ¡”Yo no soy eso!, ¿por qué dice usted que soy tal cosa?” “... bueno, sigo lo que dice Claudio Naranjo: la práctica de la Terapia Gestalt es, ni más ni menos, que apoyar lo genuino y frustrar lo neurótico; y el gestaltista hace eso con plena transparencia, en el presente.” “...Bueno, visto así, acepto... ¡soy gestaltista!”.
Apenas recuerdo qué hacíamos en aquellos talleres. No soy el único: el doctor Miguel Angel Velasco, que en el epílogo cuenta sus experiencias en el penal de Almoloya, dice así: " En más de una ocasión quise aprender con él de la manera a la que yo estaba acostumbrado; obviamente, ya no se podía, no había necesidad de ello. Bastaba con estar y observarlo: él mismo era la enseñanza. La enseñanza y la Formación, para mi. Me di cuenta con esto de que uno mismo bastaba qpara que los demás tuvieran un cambio, y que para esto el compromiso emocional es necesario. No podía estar afuera. Como él dice, "hay que mojarse el culo"..
También para mí su enseñanza era indisolublede su presencia. Memo no daba ninguna cancha a la hipocresía, se disfrazara de lo que se disfrazase. Destapaba la hipocresía, la perseguía, perseguía la mentira, la seducción, la queja manipulativa. Por el contrario, jamás se burló de ningún defecto de nadie. Ignorancia, tosquedad, deseo, rebeldía, no eran, para él, el problema. Nos instaba al máximo respeto: "¿pero quienes se han creído ustedes que son para mirar desde un pedestal a nadie? ¿Le parece que hablemos de las cositas de ustedes antes de cotorrear del prójimo"?...
A Memo le dolía profundísimamente el sufrimiento estéril. “¡Cuanto menos daño se hacen ustedes pegándose una buena bofetada que llamándose incapaces!”, nos decía. Para Memo la vida había que sacramentarla, y el sufrimiento era lo contrario de un sacramento: es un erial donde solo crecen ideas repetidas, autoreferidas, que se reduplican a sí mismas en incesantes círculos viciosos. El placer sí que era un verdadero sacramento de vida, así que mucho de su trabajo terapeútico transcurría en bares y terrazas, escuchando música, apreciando comida y bebida, la brisa, un buen chiste. El dolor auténtico, el que responde a las tragedias de la vida era también un sacramento, y si era necesario, Borja levantaba una cerca de seguridad alrededor del doliente para que nadie interrumpiese aquel dolor. “Acompañar a sus clientes al dolor, al placer y a la rabia es lo que hará de ustedes psicoterapeutas”
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